La cenicienta, así fuimos conocidos por tantos años en sudamérica en el siglo XX; éramos una selección para sacar puntos regalados, nos goleaban en cualquier cancha, visitantes o locales no importaba, lo más seguro era la derrota, a excepción de uno que otro partido que resultaban gestas históricas, por ejemplo cuando dejamos a Brasil fuera de las olimpiadas con un empate con sabor a gloria.
Sin embargo, había gente que amaba este deporte en el país, existían esas personas que amaban a la selección, al fútbol venezolano, que creían en que algún día nuestro fútbol mejoraría, saldríamos de ese esquema de «son puntos regalados» y seríamos capaces de pelear de tú a tú contra cualquier selección, y ¿Por qué no llegar a jugar un mundial?
En mi opinión, el trabajo de José Pastoriza con la selección desde 1999 hasta el año 2001 fue clave para la Vinotinto que vemos hoy. Los resultados no se dieron con él, no fueron contundentes en el papel, pero siempre insistió a sus jugadores que tenía que haber un cambio de mentalidad, que había que salir a jugar, a buscar el partido contra cualquier selección, fuera Brasil, Argentina, Uruguay, no importaba el rival, lo importante era buscar la victoria. Su trabajo quizás ha pasado inadvertido para varios venezolanos, pero resultó clave que viniera un argentino a dirigir a nuestra selección y buscara eliminar la palabra «cenicienta» de nuestro vocabulario.
Con la llegada de Richard Páez ocurre el famoso «Boom Vinotinto», Paéz crea una selección más organizada, más táctica, pero que no se encierra, que busca el partido, ocurre el histórico e inolvidable «Centenariazo», cuando logramos ganarle, por primera vez a Uruguay en su casa, un contundente 3 a 0 en el Centenario de Montevideo. Los resultados fueron un poco más contundentes, por primera vez Venezuela lograba ganar 3 partidos seguidos en las eliminatorias sudamericanas, era un furor. La gente empezó a interesarse más por la selección, los venezolanos empezábamos a ver con más orgullo los partidos de la selección.

El trabajo de Páez hasta el 2007 al mando de la selección fue histórico, logró convertir en realidad la idea de Pastoriza años atrás, Venezuela ya no era la cenicienta, no era el equipo contra el que se jugaba solo para golearlo y llevarse los puntos fáciles, nos dió una identidad como equipo, la Vinotinto era ya un tema común entre nosotros, logramos victorias claves, históricas, aunque lamentablemente el objetivo de clasificar a un mundial no se logró.
Páez pudo seguir más tiempo con la selección, la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) no tenía problema alguno, lamentablemente, a mi parecer, Páez no soportó las críticas de los aficionados que le gritaban en los partidos que no metiera a jugar a su hijo, Ricardo David Páez, quién para muchos, no tenía la calidad suficiente y no entraba en los partidos en condiciones óptimas. Lo importante, a pesar de su renuncia a la selección, era que ya estaba construida una base, las primeras piedras angulares de una selección que cada vez aspiraba a más.
Con la llegada de César Farías a la selección, observamos un equipo sólido atrás, que de ves en cuando hacía unas buenas triangulaciones, una selección muy táctica, que quizás no poseía la misma calidad técnica que la actual, pero en cuanto a trabajo táctico cumplía y los resultados así lo avalan, logramos por primera vez estar en una semifinal de la Copa América (2011), con aquella amarga derrota por penales frente a Paraguay. Logramos victorias históricas, por primera vez lográbamos vencer a Brasil en un partido amistoso, aquel 2 – 0 de la mano de Giancarlos Maldonado y Ronald Vargas, derrotamos a Argentina en eliminatorias con aquel cabezazo de Amorebieta para ganar 1-0 en Puerto La Cruz. Estuvimos a tan solo 5 puntos del repechaje del mundial, por un momento, estuvimos ahí, peleando con el cuchillo en la boca para ir a Brasil 2014, aunque lamentablemente, no se logró el objetivo.
Lo más reciente, ya todos lo conocemos, la situación que se vivió con Chita Sanvicente, que si le hicieron cama, que si no, un debate mucho más extenso, el punto, es que en esos momentos, volvimos a ser la Cenicienta de Sudamérica, perdimos un poco el respeto que por tantos años había costado forjarnos, no le ganábamos a nadie, ya en la 8va jornada Venezuela estaba casi eliminada.

Entonces llegó Dudamel, su trabajo con la selección sub-20 había sido impecable, subcampeones en el mundial sub-20, con una selección juvenil que daba gusto verla jugar, con técnica, buen planteamiento táctico, de lo mejor que pudimos ver en el mundial, superando a sus rivales con buen fútbol. Paralelo a esto, un año antes Deyna Castellanos, la chama Vinotinto dejaba en alto el nombre de nuestro país, siendo catalogada por muchos en el mundo como una joya, una joven promesa para el fútbol femenino a nivel mundial.
Dudamel en la selección ha plasmado lo mismo que observamos con los chamos de la sub-20, un bloque defensivo más ordenado, salida de balón jugando, jugadores con buena técnica, extremos que abren la cancha, seguridad en el arco (cosa que no habíamos tenido en años).
Lo importante a recalcar, es como el trabajo de varios directores técnico, la labor de varias personas que se han interesado y aman el fútbol venezolano, le cambiaron la cara totalmente a nuestra selección, mejoramos táctica y técnicamente, adquirimos actitud y carácter, cosas claves para clasificar a un mundial, al menos en las eliminatorias sudamericanas, las más difíciles del mundo. Hay que seguir ahí, trabajando, siguiendo a la selección, criticándola de forma constructiva cuando se debe, aplaudirla en las victorias y aplaudirla aún más en la derrota, porque tenemos, es nuestro deber con la historia asistir a un mundial y no se equivoquen, la meta final no debe ser que acudamos al máximo certamen del fútbol mundial, este debe ser solo el inicio de el recorrido vinotinto.
